lunes, 16 de febrero de 2015

De la fiesta del bautismo de Jesús, por Luis Antequera

Tradicionalmente, la fiesta del Bautismo de Jesús se celebraba el día 6 de enero junto con otros dos eventos evangélicos bien conocidos: la Visita de los Magos de Oriente y las Bodas de Caná, manifestaciones las tres de la Epifanía (majestad) del Señor. Es más que posible que en algún momento de la vida del paleocristianismo, y de manera parecida a cómo aún hoy continúa siendo entre los cristianos armenios, se celebrara también en la misma fecha el propio nacimiento de Jesús.

Como quiera que sea, en 1955 el Papa Pío XII siente la necesidad de separar el Bautismo de Jesús de los otros dos eventos con los que comparte la festividad, emplazando la nueva fiesta en el 13 de enero, día en el que finaliza la llamada Octava de la Epifanía que da comienzo, precisamente, el 6 de enero. Con lo que, a partir de ese momento, dicho 6 de enero se queda para celebrar tanto la Visita de los Magos de Oriente a la que se refiere Mateo y sólo Mateo (Mt. 2, 1-12), como, de manera mucho menos conocida, también el evento de las Bodas de Caná, que relata Juan y sólo Juan (Jn. 2, 1-12).

No es el último cambio que sufre la festividad, pues en 1969, Pablo VI volverá a trasladar su fecha, dándole esta vez, al igual que sucede con tantas otras fiestas del calendario cristiano (Domingo de Gloria, Domingo de Resurrección, Pentecostés, etc.), carácter móvil, y emplazándola en el primer domingo posterior a la fiesta de la Epifanía el 6 de enero. Una fiesta que este año hemos celebrado ayer mismo, 8 de enero, y que, en cualquier caso, pone fin al ciclo litúrgico que se da en llamar “tiempo de navidad”, al que sigue desde el día siguiente el primer "tiempo ordinario" del año (después de Semana Santa se inicia el segundo).

Juan Pablo II inició una bella costumbre cual es la de bautizar un número de niños con ocasión de la festividad, costumbre que su sucesor Benedicto XVI ha mantenido y consolidado, como de hecho demostró ayer derramando las aguas bautismales sobre 16 niños en la Capilla Sixtina.

Mientras la Iglesia Anglicana celebra el bautismo de Jesús de manera parecida a como lo hace actualmente la Iglesia de Roma, separándolo pues de la Visita de los Magos, las iglesias ortodoxas suelen hacerlo como lo hacía antes la Iglesia Católica, es decir, como una más de las celebraciones epifánicas del 6 de enero.

Fuente: religionenlibertad.com

De la obligación de un cristiano de bautizarse con el nombre de un santo, por Luis Antequera

Es uno de esos paradigmas generalmente aceptados por todos que en el bautismo no se puede tomar un nombre que no sea el de un santo reconocido por la Iglesia. En mi propia familia, a propósito del tema tenemos un precedente curioso, pues se da el caso de que yo tengo dos hermanos a los que da nombre el gran santo jesuita misionero que fue San Francisco Javier, lo que es así porque el primero murió al poco de nacer, y al segundo le dieron su nombre en su recuerdo. Pues bien, el primero se llama Javier, simplemente Javier, mientras que el segundo, por empecinarse el cura en que Javier no era un nombre sino sólo una población y que el santo era “Francisco de Javier”, hubo de llamarse así, Francisco Javier.

Dicho todo lo cual me pregunto hoy, e invito a Vds. a preguntarse conmigo, ¿es verdad que le está prohibido a un cristiano que quiera cumplir con su religión tomar un nombre ajeno al santoral cristiano?

He acudido al Catecismo de 1997 en busca de una respuesta, y en él me encuentro lo siguiente:

“En el bautismo, el nombre del Señor santifica al hombre, y el cristiano recibe su nombre en la Iglesia. Puede ser el nombre de un santo, es decir, de un discípulo que vivió una vida de fidelidad ejemplar a su Señor” (Cat. 2156).

Para poco más adelante, insistir en la idea:

“En el Bautismo, la Iglesia da un nombre al cristiano. Los padres, los padrinos y el párroco deben procurar que se dé un nombre cristiano al que es bautizado” (Cat. 2165).

Numerales los dos de los que se ha que concluír que no está taxativamente ordenado que el cristiano adopte el nombre de un santo, aunque sí sea, para la Iglesia, recomendable.

A mayor abundamiento, ambos números explican las ventajas de recibir el nombre de un santo. Así, el 2156 dice esto al respecto: “Al ser puesto bajo el patrocinio de un santo, se ofrece al cristiano un modelo de caridad y se le asegura su intercesión” (Cat. 2156).

Algo en lo que el 2165 una vez más insiste: “El patrocinio de un santo ofrece un modelo de caridad y asegura su intercesión” (Cat. 2165)

Por si todo esto fuera poco, encontramos recogida la misma idea en otro texto fundamental de la Iglesia, el Código de Derecho Canónico, en el que leemos

“Procuren los padres, los padrinos y el párroco que no se imponga un nombre ajeno al sentir cristiano”. (CIC 855)

Así pues recomendado, recomendable si quieren Vds. sí; obligatorio, taxativamente obligatorio, no.

Fuente: religionenlibertad.com

De la costumbre de recibir nombres estrictamente cristianos: una reseña histórica, por Luis Antequera

Si hace ya unos días hablábamos de la obligatoriedad o no de los cristianos de portar un nombre cristiano, vamos a hablar hoy de un tema adyacente que puede llegar a parecer el mismo, pero que en realidad, no lo es: la costumbre de esos mismos cristianos de portarlos.

Lo primero que debe decirse al respecto es que la lectura de los textos canónicos permite concluir que los judíos entre los que fueron reclutados los que cabe denominar los “primeros cristianos” portaban tanto nombres judíos como griegos. Sólo en el ámbito de los apóstoles, tres por lo menos portaban nombres griegos: Andrés, Felipe y Bartolomé, un curioso nombre formado por una partícula aramea “bar”, “hijo de”, y un nombre griego “Ptolomeo”.

Cabe otorgar aquí un lugar de honor a los nombres de exclusiva y precisa creación por parte de Jesús: así “Pedro”, que es como Jesús bautiza a Simón bar Jonás, o incluso, posiblemente, “Mateo”, que podría ser –es sólo una hipótesis y por cierto, muy personal- el nombre dado por Jesús a su apóstol Leví.

El estudio de los primeros escritos del cristianismo y de las inscripciones de las catacumbas permite constatar que los nombres de los cristianos durante los tres primeros siglos no difirieron significativamente de los de los paganos que los rodeaban. Lo que, por otro lado, es bastante lógico, porque de haberse ceñido los cristianos a los nombres considerados entonces cristianos, es decir, los aparecidos en los textos canónicos y poco más, apenas habrían podido elegir entre unas pocas decenas, y como ya hemos visto, tanto de procedencia griega como hebrea.

En un segundo momento, los nombres paganos empiezan a cristianizarse a través de los mártires que los portan, los primeros santos del cristianismo, y de otros nombres que se empiezan a crear en función de los relatos exclusivamente cristianos, curiosa categoría a la que pertenecen nombres como “Christophorus” (el que porta a Cristo que da el español “Cristóbal”), “Redemptus” (Redimido), “Restitutus” (Restituído), “Verónica” (verdadera imagen), “Epiphanius”, “Benedictus”, “Deogratias”, etc..

Eusebio de Cesarea en su “Historia Eclesiástica” de principios del s. IV, escribe lo siguiente:

“Yo creo que hubo muchos con el mismo nombre del apóstol Juan, los cuales por amor a él y por amarlo y admirarlo y escucharlo y por querer ser amados lo mismo que él por el Señor, se aficionaron a ese mismo nombre, de igual manera que entre los hijos de los fieles abundan los nombres de Pablo y de Pedro” (HistEcl.7, 25, 14).

Texto que según está redactado, da buena cuenta de que a principios del s. IV, cuando Eusebio escribe su importante obra, la costumbre de poner nombres cristianos se empieza a consolidar, pero ni está absolutamente impuesta, ni mucho menos es obligatoria.

Lo que contradice a unos coetáneos “Cánones Arábicos de Nicea” de dudosa autenticidad, que afirman la imposición del primero de los Concilios “de dar solo nombres de cristianos en el bautismo”, contradicción que, por otro lado, abunda en el carácter apócrifo de los cánones.

Lo cierto es que en pleno medievo siguen predominando nombres que carecen de onomástica cristiana previa: así por ejemplo, Guillermo, Roberto, Rogelio, Hugo y un largo etcétera, y en los países germánicos más que en los latinos. Bien que, como había ocurrido ya en el caso de los mártires, un proceso diferente cual es el de la progresiva canonización de personas que portan esos nombres, los irán incorporando al santoral cristiano.

El Catecismo del Concilio de Trento del año 1556, al tratar las partes de la que consta la ceremonia del bautismo, nos dice:

“Por último, se impone al bautizado un nombre de santo, por dos motivos principales: el primero, para que tenga un modelo que imitar en santidad y virtud; el segundo, para que este Santo sea su abogado, tanto en la vida espiritual como en la corporal. De donde se deduce cuán mal obran los que quieren poner a sus hijos nombres de gentiles, y sobre todo de los que fueron más perversos, como si se deleitasen en el recuerdo y en la mención de nombres impíos”. (Parte II “Los sacramentos”. Capítulo I. El sacramento del Bautismo. X. Ceremonia del bautismo, num 76)

Y si bien es cierto que para entonces los nombres cristianos se hallan absolutamente impuestos en la cristiandad, no menos lo es que la tajante imposición del antepenúltimo concilio ecuménico de la cristiandad no debió de ser tenida en cuenta igualmente en todas partes cuando, por poner un solo ejemplo, un libro como el Ritual de Bourges del año 1666 dirigido a padres y abuelos –y al que tendremos ocasión de referirnos en otra ocasión por una circunstancia muy especial que de momento no les desvelo-, todavía urge a dar “a los niños nombres de hombres santos y a las niñas los de aquellos de mujeres santas tal y como lo requiere el correcto orden”, lo que da buena cuenta de que la costumbre sigue sin ser universal.

Con todo lo cual me despido por hoy, no sin desearles como siempre, que hagan Vds. mucho bien y que no reciban menos.

Fuente: religionenlibertad.com

miércoles, 4 de febrero de 2015

La diócesis de Osma-Soria (España) publica una guía para el bautismo de hijos de parejas gays

El vicario general de la Diócesis de Osma-Soria, Gabriel-Ángel Rodríguez Millán, ha publicado una guía con algunas orientaciones jurídicas y pastorales sobre la admisión al sacramento del bautismo de los hijos, adoptados o biológicos, de parejas homosexuales.

Las orientaciones, revisadas por el obispo Gerardo Melgar Viciosa, sólo quieren ser 'un instrumento al servicio de los párrocos hasta el momento en el que, a nivel de Iglesia universal o de Conferencia episcopal, se promulgue una normativa con carácter general'sobre estos temas.

Reconoció el vicario general que en los últimos tiempos 'asisten al nacimiento de un fenómeno nuevo en relación al tema del bautismo", que plantea a la pastoral de la Iglesia interrogantes que han de ser tratados con caridad y prudencia: se trata de cómo actuar cuando parejas del mismo sexo, que han obtenido o no algún tipo de reconocimiento legal de su unión en el ámbito civil, solicitan el sacramento del bautismo de un hijo biológico de una de las partes de la pareja o concedido en adopción legal.

Aseguró que la Iglesia ha decidido que 'el pequeño debe ser acogido con la misma atención, ternura y solicitud que reciben los otros niños". De ahí que, para recordar esto y en orden a asegurar una praxis pastoral común en la Diócesis de Osma-Soria, se haya creído conveniente establecer esta normativa diocesana que, como escribe el vicario general, no pretende 'juzgar la conciencia'de las parejas homosexuales aunque su conducta moral sea 'objetivamente contradictoria con las enseñanzas del Magisterio de la Iglesia".

El texto publicado, estructurado en tres apartados, recuerda el magisterio de la Iglesia sobre el sacramento del bautismo así como la normativa canónica a este respecto. Además, invita al 'tacto pastoral' en el modo de acoger y tratar la petición del bautismo por parte de las parejas del mismo sexo.

jueves, 11 de diciembre de 2014

El sacerdocio bautismal o común, por el P. Javier Sánchez Martínez

Hay que recordar que, por el bautismo, participamos todos del sacerdocio de Cristo: somos sacerdotes, profetas y reyes. Es una impronta del Espíritu Santo en nosotros que marca y configura cuanto somos y hacemos. Somos sacerdotes por el bautismo -se llama "sacerdocio común-.

El Concilio Vaticano II, en la Constitución Lumen Gentium, aludía a este carácter sacerdotal de todo el pueblo cristiano por el bautismo. Decía:

"Cristo Señor, Pontífice tomado de entre los hombres (cf. Hb 5,1-5), de su nuevo pueblo «hizo... un reino y sacerdotes para Dios, su Padre» (Ap 1,6; cf. 5,9-10). Los bautizados, en efecto, son consagrados por la regeneración y la unción del Espíritu Santo como casa espiritual y sacerdocio santo, para que, por medio de toda obra del hombre cristiano, ofrezcan sacrificios espirituales y anuncien el poder de Aquel que los llamó de las tinieblas a su admirable luz (cf. 1 P 2,4-10). Por ello todos los discípulos de Cristo, perseverando en la oración y alabando juntos a Dios (cf. Hch 2,42-47), ofrézcanse a sí mismos como hostia viva, santa y grata a Dios (cf. Rm 12,1) y den testimonio por doquiera de Cristo, y a quienes lo pidan, den también razón de la esperanza de la vida eterna que hay en ellos (cf. 1 P 3,15).

El sacerdocio común de los fieles y el sacerdocio ministerial o jerárquico, aunque diferentes esencialmente y no sólo en grado, se ordenan, sin embargo, el uno al otro, pues ambos participan a su manera del único sacerdocio de Cristo. 

El sacerdocio ministerial, por la potestad sagrada de que goza, forma y dirige el pueblo sacerdotal, confecciona el sacrificio eucarístico en la persona de Cristo y lo ofrece en nombre de todo el pueblo a Dios. Los fieles, en cambio, en virtud de su sacerdocio regio, concurren a la ofrenda de la Eucaristía y lo ejercen en la recepción de los sacramentos, en la oración y acción de gracias, mediante el testimonio de una vida santa, en la abnegación y caridad operante" (LG 10).

Fijémonos en algunos puntos de la doctrina de la Iglesia sobre nuestro sacerdocio bautismal:

  • somos consagrados a Dios, ¡consagrados!,
  • vivir ofreciendo sacrificios espirituales (ofrendas de justicia, de paciencia, de amabilidad, de comprensión, de puntualidad...)
  • perseverando en la oración ante Dios, alabando, contemplando, intercediendo
  • se ofrecen a Dios, le entregan todo al Señor: sus trabajos, sus afanes, sus molestias, sus contrariedades, el comer, el beber, el dormir, ¡para gloria Dios!, y todo por amor de Cristo Jesús
  • en la liturgia saben que participar no es intervenir, sino ofrecerse junto con Cristo.

Nuestro sacerdocio bautismal no es un "invento reciente", una moda pasajera que atacase la dignidad del sacerdocio ministerial, porque son órdenes distintos. Nuestro sacerdocio bautismal es considerado en la Tradición de la Iglesia; por ejemplo, un bello y claro sermón de san Pedro Crisólogo:

¡Oh inaudita riqueza del sacerdocio cristiano: el hombre es, a la  vez, sacerdote y víctima! El cristiano ya no tiene que buscar fuera  de sí la ofrenda que debe inmolar a Dios: lleva consigo y en sí  mismo lo que va a sacrificar a Dios. Tanto la víctima como el  sacerdote permanecen intactos: la víctima sacrificada sigue  viviendo, y el sacerdote que presenta el sacrificio no podría matar esta víctima. Misterioso sacrificio en que el cuerpo es ofrecido sin inmolación  del cuerpo, y la sangre se ofrece sin derramamiento de sangre. Os  exhorto, por la misericordia de Dios -dice-, a presentar vuestros cuerpos como hostia viva.

Este sacrificio, hermanos, es como una imagen del de Cristo que, permaneciendo vivo, inmoló su cuerpo por la vida del mundo: él hizo efectivamente de su cuerpo una hostia viva, porque, a pesar de haber sido muerto, continúa viviendo. En un sacrificio como éste, la muerte tuvo su parte, pero la víctima permaneció viva, la muerte resultó castigada, la víctima, en cambio, no perdió la vida. Así también, para los mártires, la muerte fue un nacimiento: su fin, un principio, al ajusticiarlos encontraron la vida y, cuando, en la tierra, los hombres pensaban que habían muerto, empezaron a brillar resplandecientes en el cielo.

Os exhorto, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos como hostia viva. Es lo mismo que ya había dicho el  profeta: Tú no quieres sacrificios ni ofrendas, pero me has  preparado un cuerpo.

Hombre, procura, pues, ser tú mismo el sacrificio y el sacerdote de Dios. No desprecies lo que el poder de Dios te ha dado y concedido. Revístete con la túnica de la santidad, que la castidad sea tu ceñidor, que Cristo sea el casco de tu cabeza, que la cruz defienda tu frente que en tu pecho more el conocimiento de los misterios de Dios, que tu oración arda continuamente, como perfume de incienso: toma en tus manos la espada del Espíritu haz de tu corazón un altar, y así, afianzado en Dios, presenta tu cuerpo al Señor como sacrificio. Dios te pide la fe, no desea tu muerte; tiene sed de tu entrega, no de tu sangre; se aplaca, no con tu muerte; sino con tu buena voluntad" (Serm. 108).

Cada circunstancia que vivimos, cada momento de la jornada, cada actividad, cada trabajo, son materia más que suficiente para ofrecerla a Dios, realizándola y viviéndola en su Amor. Es de suma importancia captar esta dimensión sobrenatural de la realidad cotidiana; elevar al plano sobrenatural lo cotidiano, lo ordinario. Por eso la liturgia en el rezo de las Laudes ofrece a Dios la jornada con las preces de santificación. También entró en la piedad la costumbre del ofrecimiento de obras por la mañana. Posee, como vemos, un alto valor espiritual y teológico.

Nada queda excluido de este ofrecimiento sacerdotal, todo queda incluido.

El corazón del cristiano es un altar en que se ofrece todo, convirtiendo el mundo entero, lo profano, en un templo sagrado, cósmico (si se puede decir así), que queda santificado.a

Altar es la fábrica y la tienda, altar es la oficina y el despacho, altar es la mesa de estudio y la cocina, altar es el camión y el restaurante, altar es el lugar en que un cristiano en el mundo lo santifica todo elevándolo a Dios. Y altar, por ejemplo, y no menos importante, es el lecho del dolor, la cama del enfermo, con un infinito valor a los ojos de Dios:

"La Iglesia, como buena Madre, os lleva en su corazón [a los enfermos]; contempla en vosotros el dulce rostro de Cristo doliente. Reza constantemente por vosotros, para que el lecho del dolor en que os encontráis, se transforme en altar donde os ofrezcáis a Dios, para su gloria y para la salvación del mundo entero" (Juan Pablo II, Disc. a los enfermos, Córdoba (Argentina), 8-abril-1987).

Fuente: religionenlibertad.com

sábado, 8 de noviembre de 2014

Primera catequesis bautismal (tercera parte)

QUEREMOS UNA VIDA Y UN MUNDO MEJOR PARA NUESTROS HIJOS/AS

TERCERO:

La tercera creencia "básica" de nuestra catequesis bautismal suele ser una de las más difíciles de explicar de modo que tenga sentido para la manera de pensar de hoy. Me refiero al bautismo y al pecado original.

La caída (pecado) de Adán y Eva y cómo ese pecado afecta a las personas; cómo ese pecado es borrado en el bautismo, atraviesa una profunda crisis de sentido. La mayoría de las personas entienden las palabras que utilizamos al hablar del pecado original pero no saben de qué estamos hablando.

Yo les digo a los padres y padrinos que al pedir el sacramento del bautismo para su hijo o ahijado "me están diciendo que desean una vida y un mundo mejor para esta persona. Ustedes desean que el/ella no cometa los mismos errores, fracasos, pecados, que ustedes (nosotros) hemos cometido. Al mismo tiempo, ustedes reconocen que necesitan ayuda (de la Iglesia, de Dios, de todos), para que su hijo sea mejor de lo que nosotros somos"

"Por eso, están ustedes aquí. Humildemente reconocemos que a menudo hacemos el mal que no queremos y no hacemos el bien que deseamos hacer. Esta es nuestra experiencia del pecado original. No deseamos esto para los hijos y pedimos a Dios que los (y nos) purifique con el agua del bautismo y renueve sus bendiciones sobre todos nosotros."

Fin de la Primera Catequesis Bautismal

Primera Catequesis Bautismal (segunda parte)


....MARTINEZ, SANDOVAL, PUJOL, O'MALLEY, MURRAY..., Y TAMBIEN "CRISTIANO/A"

SEGUNDO:

"Al pedir el sacramento del bautismo", les digo, "reconocéis que vuestro hijo es parte de una familia más grande que los Martínez, Sandoval, Pujol, O'Malley, Murray..." Al recibir el sacramento del bautismo entramos a formar parte de la Iglesia, que es una familia de familias.

Por eso, todos los cristianos tenemos unos derechos y unas responsabilidades como miembros de esta gran familia que es la Iglesia. Por ejemplo, ustedes tienen la responsabilidad de traer a su hijo a la Iglesia al menos el Domingo, que es el día que los cristianos celebramos nuestra fe y la resurreción del Señor.

La familia cristiana se reúne, se encuentra..., todos los domingos para compartir y celebrar su fe. Si ustedes no vienen, si su hijo o ahijado no viene a la Iglesia, entonces la familia no está al completo, faltan algunos... y ustedes saben muy bien que una celebración familiar se resiente cuando faltan miembros de la familia. Por eso, si ustedes quieren que estos niños formen parte de la familia cristiana, tráiganlos a la iglesia al menos el domingo.

La iglesia, por su parte, al aceptar a su hijo como miembro de la familia acepta al mismo tiempo la responsabilidad de acompañarlo en su crecimiento humano y espiritual; por eso, la iglesia está con ustedes al menos durante la celebración de los sacramentos, y reza siempre por su hijo. Yo, por mi parte, como sacerdote al servicio de esta familia (Iglesia), acepto la responsabilidad de estar disponible siempre que ustedes necesiten dirección espiritual, oración, comunión, reconciliación...

Tercero:
(continuará)

Primera catequesis bautismal (primera parte)



"NO SOMOS 'DUEÑOS' DE LA VIDA"

Ayer tuvimos catequesis bautismal en la parroquia. La sala estaba llena de papás, mamás, padrinos y madrinas. También había un par de "babies". Todos eran católicos, más o menos practicantes, menos una pareja que no pertenece a ninguna iglesia pero han aceptado que su hija sea bautizada y educada en la fe católica. A todos se les ve felices aunque tuvieron una jornada pesada de trabajo.

Cuando les pregunto si alguno de ellos puede explicarme el significado del sacramento del bautismo, la expresión de sus rostros es de alarma. "Vamos", les digo, "imagínense que tienen ante ustedes una persona que no es católica o creyente... y les preguntan "¿por qué bautizan a sus hijos?". ¿Qué les responden?"

Silencio. Sería ilustrativo compartir aquí algunas de las respuestas que he escuchado, pero me alargaría demasiado y no viene a cuento. Baste con decir que algunas explicaciones que me han dado son muy difíciles de entender incluso por mí.

Entonces les digo que voy a compartir con ellos algunas creencias "básicas" de nuestra fe católica y que al final de la catequesis deberían ser capaces de "dar razón" de lo que están pidiendo a la Iglesia de una manera que sea comprensible para un creyente y también para un no creyente.

Hay tres creencias muy sencillas que forman la primera parte de la catequesis de bautismo:

PRIMERO:

Unos padres/padrinos que piden el bautismo para su hijo/ahijado reconocen que la vida de esta persona es un don, un regalo, una gracia... Por eso, la vida de esta persona no les pertenece como les pertenece su casa, sus propiedades, o su cuenta bancaria.

"Ustedes", les digo, "al pedir el bautismo están reconociendo que no son los dueños de la vida de esta persona". "Si alguien puede decir que esta vida le pertenece, ese alguien es... Dios."

¿Entienden lo que digo? Veo a la pareja-sin-iglesia que se agarran la mano y asienten de una manera que me dice que sí, que por ahora, comprenden lo que digo.

Alguna vez, una pareja me ha dicho: "Comprendemos que no somos los dueños de la vida de nuestro hijo, pero, entonces, ¿qué somos?"

"Pues sois los que cuidáis de esa vida", les digo, "para que pueda desarrollarse en su totalidad: sus talentos, habilidades, capacidad de amar, de perdonar... Sois sus cuidadores, pero no sus dueños."

Esta creencia de nuestra fe es muy importante porque se traduce en el modo como damos la bienvenida y aceptamos a la persona que apadrinamos.

Segundo:
(continuará)

Cada vez hay en España más bautizos a los 7 años: sin bautizar de bebés, quieren hacer la comunión, por M. Arrizabalaga

«Mamá, quiero hacer la comunión». A sus 9 años, Carlota Barrio ha repetido con tanta convicción esta petición a su madre a lo largo de los últimos cursos que el próximo sábado 24 de mayo se vestirá de blanco para recibir la Primera Comunión en la parroquia de Nuestra Señora del Dolor del Colegio Fundación Caldeiro de Madrid.

«Mira que no vas a tener vestido, ni regalos, ni fiesta, que la harás con el uniforme del colegio», le dije, pero aún así me contestó que sí y eso que sabe que lo que digo lo cumplo», relata su madre Carolina Fernández.

— Cristianos contra pronóstico

A Carlota, como a su hermano pequeño, no les bautizaron de pequeños. Su padre no es creyente y dejaron que fueran ellos quienes tomaran su decisión más adelante cuando estuvieran convencidos.

Por eso, preguntaron en varias ocasiones a su hija, intentando que no se dejara llevar por todo lo que rodea a la celebración. Un dato les llamaba la atención: su mejor amiga no iba a recibir el sacramento.

«Ha tenido todas las opciones y ha elegido que sí. Ella la va a hacer convencida. Irá con un vestido porque mi madre se lo regala, pero sabe que no va a tener regalos y que solo nos vamos a ir la familia a comer, nada más», asegura Fernández.

El pasado enero fue bautizada junto a otra docena de niños que, en su mayoría, han celebrado o celebrarán en los próximos días su Primera Comunión.

Fue el bautismo de niños de catequesis más multitudinario de los últimos años en esta parroquia. Entre ellos se encontraban Diego y Sofía, dos hermanos de 8 y 7 años que la harán el año que viene y que tampoco fueron bautizados al nacer.

«Queríamos dejarles a ellos la decisión, así lo hicimos con su hermano mayor y lo haremos con el pequeño», dice Beatriz, su madre.

«Son experiencias nuevas que están surgiendo alrededor de esta celebración», señala Juan Luis Martín Barrios, director del Secretariado de Catequesis de la Conferencia Episcopal Española, que explica cómo «con motivo de la Primera Comunión, niños que no habían sido bautizados piden ahora el bautismo».

En el caso de los adultos, tras un proceso catequético reciben el bautismo, la comunión y la confirmación en una misma celebración, a la que no acompaña el el boato social de las primeras comuniones infantiles.

— Algunas cifras españolas

La Conferencia Episcopal no ha cuantificado cuántos de los 250.000 niños que cada año reciben la Primera Comunión han sido bautizados para ello poco antes.

Solo que en 37 de las 69 diócesis fueron 1.269 niños en 2011.

Ese mismo año y en esas mismas 37 diócesis recibieron el bautismo 165 adultos «y se iniciaban en la fe otros 260 para 2012», señala Martín Barrios, quien advierte de que «el caso de adultos que no recibieron la fe de sus padres y ahora la solicitan también está creciendo en España».

Según la Oficina de Estadística y Sociología de la Iglesia, un total de 10.345 personas mayores de 7 años fueron bautizadas en 2011, 2.323 más que en 2005.

— Contra «tantos gastos superfluos»

«La Iglesia ha cuidado la significatividad del sacramento, pero siempre ha procurado que fuera en la sencillez y en la dignidad. Ha sido nuestra sociedad de consumo la que se ha metido de lleno en las celebraciones sacramentales de la Primera Comunión, igual que en las bodas», señala Martín Barrios, que se muestra contrario a «tantos gastos superfluos».

«Nos preocupa más, como preocupó siempre, que el niño celebre lo que significa la Eucaristía, que sus padres y su familia le acompañen en la celebración y que no haya dispendios económicos, sociales… más aún en los tiempos de crisis», añade.

Los catequistas y sacerdotes piden a los niños «que no se centren en los regalos y que a la vez sea un día de poder compartir con los pobres».

El dinero que dejan los padres en la parroquia se destina fundamentalmente a ese fin vía Caritas, pero se intenta que sea también un acto catequético para los niños. Por eso piden que los propios menores entreguen una pequeña cantidad de lo que reciben a otros niños necesitados «para que tomen conciencia de lo que significa la relación de recibir la eucaristía y la caridad con los pobres», subraya Martín Barrios.

— Cuando sólo un padre se niega...

La decisión de los niños de hacer la Primera Comunión se topa en ocasiones con la negativa de alguno de los padres, sobre todo en los casos de separaciones o divorcios. «Nos llegan cartas de padres separados que pretenden que no se les dé la comunión a sus hijos», relata el director del Secretariado de Catequesis, que explica cómo «si el padre o la madre acompañan al niño que quiere hacer la comunión, la Iglesia no puede negársela porque es un derecho del niño».

Para que un niño reciba la Primera Comunión no es necesario que sus padres sean cristianos, «ni incluso para bautizar a un niño», señala Martín Barrios. Sí se pide a los padrinos que reúnan las condiciones necesarias porque «¿cómo va a apadrinar la fe de un niño quien no ha confirmado la suya?», se pregunta.

— Adelantar o retrasar la edad

Los niños deben asistir a dos años de catequesis que por lo general comienza a los 8 años para realizar la Primera Comunión en torno a los 9 años, en 3º de Primaria, la edad que desde los años 70 se estima adecuada.

«En el Código de Derecho Canónigo se dice que debe hacerse “con el uso de razón”», explica el sacerdote, quien recuerda cómo antes se tomaba a los 6-7 años, pero ahora «los niños tienen todas las experiencias posibles antes de lo que teníamos nosotros, pero maduran más tarde. Lo que se pide es que tengan la madurez necesaria para conocer lo esencial de lo que celebran».

Por eso, Martin Barrios se muestra en contra de adelantar la edad en España, un debate que sigue presente. «Ahora mismo hay un niño que va a hacer la primera comunión en la parroquia que atiendo en un pueblecito de 250 habitantes al que yo le hubiera dado la Primera Comunión a los 7 años. ¿Qué ocurre? Que en las mismas circunstancias hay niños que no pisan la Iglesia, que no vienen a catequesis... esos niños no estarían preparados a esa edad». Añade que es un tema delicado «porque depende de la familia, del ambiente que le rodea y de la madurez del niño».

Desde la Conferencia Episcopal se alienta para que el niño recorra un camino de iniciación cristiana desde la familia, pase por una etapa de despertar religioso a los 6 y 7 años antes de asistir a la catequesis de iniciación sacramental a los 8 y 9, con la Primera Penitencia y la Primera Comunión, y a partir de los 10 a 12 en adelante continúe su personalización de la fe para recibir la confirmación.

«Ahora nos centramos mucho en cómo se hace cristiano el niño, el adolescente… o el adulto. A un niño se le atiende, se le educa en la fe y cuando se cree conveniente que de acuerdo con su edad ha madurado en la fe se le da el sacramento», subraya Martín Barrios.

Fuente: abc.com

Del limbo de los niños muertos sin bautizar, por Luis Antequera

El 19 de abril de 2007 una Comisión teológica internacional dependiente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, publicaba con la autorización del Papa Benedicto XVI el texto “La esperanza de salvación para los niños que mueren sin bautismo”, un documento largo de más de 24.000 palabras y 135 notas a pie de página, llamado a convertirse en el pronunciamiento más explícito del Magisterio eclesiástico realizado hasta la fecha sobre la existencia o no de un lugar llamado “limbo” al que irían a parar los niños que sin haber cometido pecados propios, no habían sido rescatados tampoco del pecado original por no haber recibido aún el bautismo.

Quizás el caso más extremo que presenta el dilema entre los dos principios que se combina en la teoría cristiana de la salvación, a saber: “la voluntad salvífica universal de Dios (cf. 1 Tm 2,4), y las que conciernen a la necesidad del Bautismo como la vía para ser liberados del pecado y conformados con Cristo (cf. Mc 16,16; Mt 28,18-19)”, expresamente mencionados los dos en el documento.

Pues bien, el documento en cuestión, tras explicitar que efectivamente “la enseñanza tradicional recurría [para explicar el destino escatológico de tales niños] a la teoría del limbo”; definir dicho limbo como el “estado en el que las almas de los niños que mueren sin bautismo no merecen el premio de la visión beatífica, a causa del pecado original, pero no sufren ningún castigo, ya que no han cometido pecados personales”; aclarar que “esta teoría, elaborada por los teólogos a partir de la Edad Media, nunca ha entrado en las definiciones dogmáticas del Magisterio” pero reconocer al mismo tiempo que “el mismo Magisterio la ha mencionado en su enseñanza hasta el concilio Vaticano II”; y apostillar que “el destino de los niños no bautizados continúa siendo un caso límite en la investigación teológica” a partir del reconocimiento de que “ninguna respuesta explícita acerca del tema objeto de nuestro estudio viene de la Revelación tal como se contiene en la Sagrada Escritura y en la Tradición”, realiza esta declaración que me parece su mejor resumen:

“Por consiguiente, además de la teoría del limbo (que continúa siendo una opinión teológica posible), puede haber otros caminos que integren y salvaguarden los principios de fe fundados en la Escritura”.

Y aún con mayor claridad esta otra:

“Se ha de reconocer claramente que la Iglesia no tiene un conocimiento cierto de la salvación de los niños que mueren sin Bautismo”.

En resumen, el limbo... en el limbo.

Fuente: religionenlibertad.com

¿Desde cuándo se imparte el bautismo a los niños?, por Luis Antequera


Hay cosas que uno ni se le ocurre plantearse si siempre fueron como hoy las contemplamos o en otro momento fueron diferentes. Y una de esas tal vez sea la que cabe definir como “bautismo de infantes”, una ceremonia con un carácter netamente iniciático equiparable, desde tal punto de vista aunque no desde muchos más, a otra del ámbito judío cual es la de la circuncisión, producida al octavo día del nacimiento con la que también coincide en que en ambas recibe la persona el nombre por el que será conocido en la comunidad.

Pero lo cierto es que no siempre el bautismo lo recibieron entre los cristianos los niños. A pesar de haber nacido en una familia cristiana, de ser un personaje de peso dentro de la comunidad cristiana y con 34 años de edad, nada menos que todo un San Ambrosio apenas era un catecúmeno sin bautizar cuando es elegido para ejercer una dignidad de la importancia del episcopado de Milán.

Y es que aunque más de uno sería bautizado en edad infantil como podría interpretarse de algunos episodios recogidos en los Hechos de los Apóstoles, lo cierto es que el “bautismo de infantes” aún tardará su tiempo en imponerse.

Hipólito de Roma (m.236) en su Tradición apostólica nos detalla el proceso bautismal, que se iniciaba con un catecumenado o aprendizaje de tres años previo a la ceremonia, y recaía siempre sobre adultos. El ritual bautismal tenía lugar en fechas señaladas (domingo, pascua, pentecostés); contenía una serie de ceremonias anteriores (expulsión del demonio, unción prebautismal); tenía lugar por inmersión en agua simultánea a una confesión de fe trinitaria; y se culminaba con la imposición de manos, signación en la frente y unción con el crisma (mezcla de aceite de oliva y bálsamos) por el obispo. A continuación, el bautizando recibía por primera vez la eucaristía, con lo que vemos unidos tres rituales que la vida cristiana contemporánea separa perfectamente: bautismo, primera comunión y confirmación. El ritual tomaba forma dialogante entre oficiante y bautizando. En su obra Sobre el bautismo, Tertuliano (160-h.220) procede a la normalización del ritual.

La expansión del cristianismo y su legalización generalizará el nacimiento de niños en hogares que ya son cristianos, a partir tal vez del s. IV más-menos, fenómeno que va a tener tres grandes consecuencias por lo que al bautismo se refiere.

En primer lugar, éste empieza a celebrarse cualquier día, sin esperar a las fechas señaladas.

En segundo lugar, se abre la posibilidad de que el obispo delegue sus funciones en lo concerniente al ritual bautismal, lo cual tiene más importancia de la que parece, pues el desdoblamiento del bautismo en dos ceremonias, la inmersión y sus complementos, celebrable por el presbítero, y la unción, sólo oficiable por el obispo, implicará la aparición de un nuevo sacramento, la confirmación.

Y en tercer lugar y lo que a los efectos nos interesa aquí, se impone el bautizo infantil a tempranísima edad, con lo cual la fórmula “yo te bautizo”, cuya utilización nos consta desde el s. VII, sustituye a la fórmula dialogante.

El bautismo de infantes va a promover un áspero debate sobre la preparación que ha de darse en el receptor de un sacramento. Los contrarios a él se escudan en la falta de disposición de un niño para recibir un sacramento y en el inexistente mandato en tal sentido en las Escrituras.

San Agustín (n.354-m.430) sostiene que es necesario para la salvación de los niños, y el Papa Inocencio III (1198-1216) argumenta que de la misma manera que una persona incurre en el pecado original sin su consentimiento, puede ser librado de él sin su consentimiento.

Fuente: religionenlibertad.com

"El caso de la pequeña Umma es como el de cualquier persona que pide el bautismo"

El Arzobispo de Córdoba (Argentina), Mons. Carlos Ñáñez, lamentó la manipulación de la prensa sobre el Bautismo de una bebé -hija biológica de una lesbiana que la cría con su pareja- y explicó por qué la pequeña Umma Azul puede recibir este sacramento.

La niña es hija biológica de Soledad Ortiz, una mujer que hace un año se unió legalmente en “matrimonio igualitario” con Karina Villarroel. El sacramento del Bautismo será celebrado en la Catedral de Córdoba este sábado 5 de abril. Mons. Ñáñez señaló que el caso de la pequeña Umma “es como el de cualquier persona que pide el Bautismo”.

“El Bautismo lo va a recibir la niña. El derecho es de ella, el derecho es de la niña”, subrayó. El Prelado desmintió a diversos medios de comunicación que indicaron que él se había reunido con la pareja de lesbianas e incluso habría autorizado celebrar la Confirmación de ambas.

“Primero, yo no he hablado con estas personas. Segundo, de ninguna manera yo he dado alguna autorización con respecto a la Confirmación. Tercero, que ellas vinieron por acá, sin hablar conmigo, ya con indicaciones precisas fueron encaminadas a una parroquia, donde tenían que hacer los requisitos necesarios para la preparación del Bautismo. Su madre y los padrinos elegidos”.

Mons. Ñáñez señaló además que este caso “ya lo he hablado y lo he explicado al Cardenal (Antonio) Cañizares, Prefecto de la Congregación para la Disciplina de los Sacramentos, así que ya está en conocimiento de la Santa Sede”.

Uno de los compromisos que asumen los padres de un niño al bautizarlo es educarlo en la fe cristiana. Sobre este punto, Mons. Ñáñez indicó que “ese es el compromiso que tiene que asumir su madre, y el compromiso que los padrinos tienen que hacer”.

“En eso, yo creo que se juega la buena fe de las personas. También entre nosotros acuden muchas personas a pedir el Bautismo para sus hijos, nosotros hacemos fe a su buena disposición, pero no tenemos absoluta seguridad de que ellos por una parte vayan a respetar eso o de que su vida esté en total consonancia con los principios evangélicos”.

El Arzobispo argentino explicó que “la Iglesia en eso se muestra como una madre misericordiosa y amplia, para abrir las puertas de la salvación. El Bautismo es el derecho de toda persona humana, y creo que también el Santo Padre, en este sentido, desde cuando era Arzobispo de Buenos Aires siempre impulsó una actitud de apertura amplia para la administración de estos sacramentos”.

Al referirse a la posibilidad de que la presidenta de Argentina, Cristina Fernández, sea la madrina de la niña, tal como habría pedido la pareja de lesbianas, Mons. Ñáñez remarcó que “el párroco ya tiene las instrucciones de que por lo menos un padrino tiene que comprometerse a garantizar la educación” cristiana de Umma. El Prelado rechazó la manipulación de los medios de comunicación sobre este caso.

“Esto es una cosa que ha sido instrumentado por los medios de comunicación, y la verdad todo el revuelo que se hace es una desmesura con respecto a eso. Se trata del Bautismo de una niña que tiene el derecho a recibir este sacramento, y en la medida de lo posible, nosotros tratamos de asegurar las condiciones para que sea correctamente administrado”, indicó.

El Arzobispo de Córdoba indicó que “los medios de comunicación son muchos instrumentados, y hay personas que instrumentan y en distintas instancias deforman la realidad de los hechos”. “También nosotros tenemos que tener una mirada crítica. No todo lo que dicen los diarios o las agencias de prensa es la verdad”, concluyó.

Fuente: Aciprensa

El derecho canónico y el bautizo de la hija de una pareja de lesbianas, por Luis Fernando

Argentina va a asistir al que es, probablemente, el primer bautismo mediático de la hija de una pareja de lesbianas. Los medios de comunicación le están dando todo el bombo posible y, como argumento para apoyar tal acto, utilizan las palabras del Papa sobre el bautismo de madres solteras.

Al parecer en Argentina hubo sacerdotes que se oponían a realizar ese tipo de bautismos y el Papa, siendo cardenal y arzobispo de Buenos Aires, criticó tal hecho. Concretamente estas fueron sus palabras entonces:
"Éstos son los hipócritas de hoy. Los que clericalizaron a la Iglesia. Los que apartan al pueblo de Dios de la salvación. Y esa pobre chica que, pudiendo haber mandado a su hijo al remitente, tuvo la valentía de traerlo al mundo, va peregrinando de parroquia en parroquia para que se lo bauticen".

Se da además la circunstancia de que en Argentina otras dos lesbianas ya fueron protagonistas en el programa de televisión de un sacerdote muy “carismático”, el P. Ignacio Periés, que aprovechó la ocasión para hacer apología del matrimonio homosexual. La archidiócesis de Rosario le desautorizó públicamente pocos días después.

Estas lesbianas no querían cualquier templo, así que han elegido la catedral de Córdoba (obviamente la argentina, no la española) para bautizar a la criatura. Así lo explica la madre biológica:

“Tuve una audiencia con monseñor Carlos Ñáñez, arzobispo de Córdoba, para que diera la orden y me confirmó que en la Catedral no habrá ningún problema”.

Ahí no queda la cosa. Resulta que ambas han pedido a la presidenta argentina, Cristina Fernández de Kirchner, que sea madrina del bautizo. No sabemos si la presidenta aceptará la invitación y si Mons. Ñáñez lo aceptará.

Ahora vamos a ver lo que dice el Código de Derecho Canónico, que se supone que sigue vigente. Al menos nadie nos ha dicho que ha quedado abrogado. ¿Cuál es la condición para que se bautice lícitamente un niño?:

868 § 1. Para bautizar lícitamente a un niño, se requiere:

1 que den su consentimiento los padres, o al menos uno de los dos, o quienes legítimamente hacen sus veces;

2 que haya esperanza fundada de que el niño va a ser educado en la religión católica; si falta por completo esa esperanza debe diferirse el bautismo, según las disposiciones del derecho particular, haciendo saber la razón a sus padres.

¿Cuál es la condición para ser padrino o madrina de un bautizo?:

872 En la medida de lo posible, a quien va a recibir el bautismo se le ha de dar un padrino, cuya función es asistir en su iniciación cristiana al adulto que se bautiza, y, juntamente con los padres, presentar al niño que va a recibir el bautismo y procurar que después lleve una vida cristiana congruente con el bautismo y cumpla fielmente las obligaciones inherentes al mismo.

Y

874 § 1. Para que alguien sea admitido como padrino, es necesario que:

3 sea católico, esté confirmado, haya recibido ya el santísimo sacramento de la Eucaristía y lleve, al mismo tiempo, una vida congruente con la fe y con la misión que va a asumir;

Vaya por delante que creo que no estamos ante un caso parecido al de una madre soltera que quiere bautizar un hijo. Una mujer católica ha podido tener un desliz, quedarse embarazada, seguir adelante con el embarazo sin que el padre quiera tener nada que ver con el mismo y, luego, ser una madre católica que eduque perfectamente a su hijo en la fe.

Pero dicho eso, ¿alguien cree que hay una esperanza fundada que la niña que va a ser bautizada será educada en la fe católica? ¿esas madres lesbianas están capacitadas para tal cosa? (*) Y si finalmente la presidenta de Argentina es madrina, ¿hay la más mínima posibilidad de que ella, defensora ardiente del matrimonio entre homosexuales, pueda colaborar en esa educación en la fe católica de la cría?

De momento, solo pregunto. Ustedes pueden intuir cuáles serían mis respuestas a esas preguntas. Conste que no soy partidario de dificultar el bautismo de niños, pero si la Iglesia ha puesto unas condiciones concretas para que se produzca el mismo, ¿quién es nadie para saltárselas a la torera?

La realidad es que los medios de comunicación seculares van a presentar ese bautizo como un triunfo del lobby gay y una “prueba” de que la Iglesia acabará aceptando, antes o después, las uniones homosexuales.

Por mucho que algunos, o incluso una multitud, digamos que eso no es posible, dará igual. Muchísimos fieles, que no saben siquiera de la existencia de esas leyes canónicas y no forman su fe en medios católicos fieles al magisterio, llegarán a la conclusión de que esos medios de comunicación tienen la razón. Es más, creo legítimo preguntarse hasta qué punto una decisión así puede quedar en manos de un solo obispo, siendo que estamos ante un acto que va a tener repercusión mundial y puede poner a los pies de los caballos a párrocos y obispos que crean imposible que una pareja de lesbianas, que ha tenido una hija mediante fecundación artificial, puede educar en la fe católica a nadie.

Luis Fernando Pérez Bustamante

(*) La cosa cambiaría si alguno de los abuelos de la niña se comprometiera a educarla en la fe católica y las madres lo aceptaran. Pero en ese caso, dado el escándalo público que se está formando, debería de aclararse de forma igualmente pública, para no confundir a los fieles… y a los “infieles".

Fuente: infocatolica.com

La Iglesia argentina permite el bautizo de la hija de dos lesbianas

La hija de un matrimonio formado por dos mujeres será bautizada en Argentina, convirtiéndose así en el primer bautismo de estas características en una iglesia católica en el país natal del papa Francisco.

El bautizo se realizará el sábado 5 de abril (2014) en la catedral Nuestra Señora de la Asunción de Córdoba (a 700 km al norte de Buenos Aires) en una ceremonia que fue autorizada por el arzobispo de la ciudad y en la que las dos madres desearían que la madrina fuera nada más y nada menos que la presidenta Cristina Kirchner.

"No hay motivo para que la niña no sea bautizada, porque se cumplen todos los requisitos que la Iglesia demanda", explicaba Gustavo Loza, portavoz de la oficina de prensa del arzobispado de Córdoba.

Una de las madres de la niña, Karina Villarroel, relataba los pormenores de la audiencia que mantuvo con monseñor Ñañez: "Me dijo que no había problema por que mi hija fuera bautizada en la catedral", contaba esta agente de policía argentina.

Según la feliz madre, quien se casó con Soledad Ortiz en diciembre del 2012, se trata de la primera pareja homoparental que bautiza a su hijo en Argentina, donde un 75 % de la población es católica.

Fuente: religiondigital.com

Derecho Canónico: De la prueba y anotación del bautismo administrado, nn.875-878

Capítulo V: DE LA PRUEBA Y ANOTACIÓN 
DEL BAUTISMO ADMINISTRADO

875 Quien administra el bautismo procure que, si falta el padrino, haya al menos un testigo por el que pueda probarse su administración.

876 Si no se causa perjuicio a nadie, para probar el bautismo basta la declaración de un solo testigo inmune de toda sospecha, o el juramento del mismo bautizado, si recibió el sacramento siendo ya adulto.

877 § 1. El párroco del lugar en que se celebra el bautismo debe anotar diligentemente y sin demora en el libro de bautismo el nombre de los bautizados, haciendo mención del ministro, los padres, padrinos, testigos, si los hubo, y el lugar y día en que se administró, indicando asimismo el día y lugar del nacimiento.

§ 2. Cuando se trata de un hijo de madre soltera, se ha de inscribir el nombre de la madre, si consta públicamente su maternidad o ella misma lo pide voluntariamente por escrito o ante dos testigos; y también se ha de inscribir el nombre del padre, si su paternidad se prueba por documento público o por propia declaración ante el párroco y dos testigos; en los demás casos, se inscribirá sólo el nombre del bautizado, sin hacer constar para nada el del padre o de los padres.

§ 3. Si se trata de un hijo adoptivo, se inscribirá el nombre de quienes lo adoptaron y también, al menos si así se hace en el registro civil de la región, el de los padres naturales, según lo establecido en los § § 1 y 2, teniendo en cuenta las disposiciones de la Conferencia Episcopal.

878 Si el bautismo no fue administrado por el párroco ni estando él presente, el ministro, quienquiera que sea, debe informar al párroco de aquella parroquia en la cual se administró el sacramento, para que haga la inscripción según indica el c. 877 § 1.